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El 28 de octubre se inaugura Boom Crash Candy Crush, una exposición que parte de una pregunta tan inquietante como necesaria: ¿qué tienen en común un videojuego aparentemente inocente como Candy Crush, las economías de la atención y las infraestructuras militares contemporáneas? Detrás de las infinitas cascadas de caramelos brillantes y las microrecompensas que han convertido este juego en un fenómeno global se esconde un sistema capaz de condicionar conductas y transformar acciones cotidianas en información de gran valor económico.
La muestra explora cómo la digitalización y la militarización atraviesan nuestros cuerpos. Desde el movimiento de los dedos sobre una pantalla hasta la postura del cuello o la mirada, la relación constante con los dispositivos genera hábitos y datos que alimentan intereses comerciales, sistemas de inteligencia y mecanismos de vigilancia. En este contexto, las personas se convierten al mismo tiempo en consumidoras y productoras de información.
Lejos de ser un fenómeno puntual, este proceso forma parte de una transformación profunda. Si durante la Revolución Industrial las lógicas del capital modelaban los cuerpos a través de las fábricas, hoy lo hacen mediante tecnologías presentes en casi todos los ámbitos de la vida. Jugar, desplazarse o consumir contenidos digitales se integra en un ecosistema donde la extracción de valor opera de manera casi imperceptible. A través del juego y la vigilancia, la exposición reflexiona sobre la pérdida de autonomía en una época en la que el ocio y la guerra comparten cada vez más tecnologías e infraestructuras, tanto a nivel físico como dentro de la pantalla.
La muestra, curada por Joana Moll y Enric Puig Punyet, reúne a una veintena de artistas locales e internacionales, entre los que se encuentran Hito Steyerl, Shona Illingworth, Heba Y. Amin, Jessica Ekomane, Aram Bartholl, Ben Grosser o Mario Santamaría, que exploran las relaciones entre tecnologías digitales, economías de la atención, vigilancia y militarización.
Más allá de poner de manifiesto estas dinámicas, Boom Crash Candy Crush propone una experiencia interactiva y performativa para explorarlas desde el propio cuerpo, a través de instalaciones, arquitecturas y dispositivos artísticos que invitan a reflexionar sobre las consecuencias fisiológicas, emocionales y políticas de la vida digital contemporánea.