Gremio de Gastronomia 2025/2026

Antonio Monroy Salas y Mohammad Alsharqawi
Gremio

Artistas en residencia, Les Mòniques 25-26

Desde el Gremio de Gastronomía, centramos nuestra mirada en el concepto de circulación. Si en ediciones anteriores explorábamos la dimensión somática y espiritual, este año analizamos la ciudad-mercado moderna como espacio de circulación controlada.

Nuestras líneas de investigación principales se articulan en torno a la tensión entre el control estatal de los flujos y el vínculo social urbano:

• La ciudad-mercado y el control de flujos 
• El vínculo social y la movilidad 

A través de esta óptica, queremos cuestionar cómo los poderes estatales intervienen para controlar el desorden y cómo, desde la gastronomía y el encuentro, podemos generar usos alternativos del espacio público.

Antonio Monroy Salas y Mohammad Alsharqawi


Antonio Monroy (México) es un artista multidisciplinar y boxeador. Su práctica vincula la confrontación física con la investigación de conflictos territoriales entre el campo y la ciudad, sustituyendo las visiones tradicionales del paisaje por espacios de debate y fricción política.

Mohammad Alsharqawi Sharqawi es un artista, investigador y cocinero que tensiona los límites de la cultura material, la gastronomía social y el arte comunitario. Su práctica desborda los marcos académicos tradicionales a través de procesos de investigación artística expandida, utilizando la cocina colectiva y la materia culinaria como armas metodológicas y artefactos estéticos para activar memorias subalternas y formas radicales de hospitalidad. A través de laboratorios de resistencia como Masa en Masa y Kafeta, el acto de cocinar deviene performance política y acción directa que interviene críticamente frente a las lógicas extractivistas del territorio urbano. Al politizar lo cotidiano y situar la práctica dentro de los dispositivos de mediación e investigación viva del Centre d’Art Santa Mònica, la mesa se transforma en un espacio de agitación comunitaria. Aquí, la cocina opera rigurosamente como un contraespacio de disidencia y autogestión, y el alimento se constituye en un artefacto de agencia política pura: una herramienta para colectivizar el conflicto, liberar la palabra secuestrada y disputar, desde la base, la soberanía del tejido social contemporáneo.